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miércoles, 21 de febrero de 2018

JURAMENTO DE FIDELIDAD AL MAGISTERIO DE FRANCISCO (2 de 2)





Lo que sí podemos anticipar es el tenor de los ítems confluyentes en la infausta cartilla de rendición de las conciencias, que podrían decir algo así como:

1. Siguiendo los pasos [las zancadas] del Pontífice gloriosamente reinante, no me negaré al contubernio con terroristas, impulsores del aborto y la eutanasia, yuntas de bujarrones y políticos archicorruptos, ni le haré asco al besuqueo de pies musulmanes, ni al uso de la kippah en francachelas con los deicidas, todo para ecuménico ejemplo de la grey vacilante y escarmiento de los protestones. ¡Ah...! Y también haré buenas migas con los protestantes.

2. Juro acordar toto corde con el Santo Padre, santo e ínclito varón, en lo concerniente a la perenne indeterminación de los principios y de las conclusiones en todo quehacer especulativo. Pues
«el teólogo que se complace en su pensamiento completo y acabado es un mediocre. El buen teólogo y filósofo tiene un pensamiento abierto, es decir, incompleto» (Veritatis Gaudium, 3), lo que consuena maravillosamente con las premisas antimetafísicas de la filosofía moderna y del "pensamiento débil" preconizado en nuestros días. Ya lo había voceado algún neo-teólogo por los días del Concilio: vivre c'est perdre la foi. Lo que, en lo tocante a nuestras ideas y tradiciones, se traduce en renunciar «a la pretensión de que sean únicas y absolutas» (Francisco, Mensaje para la XVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 1-VI- 2014).
3. Juro rechazar con garras y dientes, a imitación del Obispo de Roma, que quiere «una Iglesia pobre para los pobres», toda manifestación de la excelencia del sacerdocio. Pues si ya nos era permitido deshacernos del molesto traje talar, hoy debemos vestir zapatos raídos y camisas apolilladas para no ofender el sacro principio del igualitarismo. Este pauperismo afín al profesado por el Iscariote en la célebre escena de la unción en Betania, se extienda al alma misma de nuestro ministerio, donde no habrá nada que nos distinga del común de los mortales, nada que estorbe la inmanentización extrema de la religión:
«evitemos encerrarnos en estructuras que nos dan una falsa protección, en las normas que nos transforman en jueces implacables. Nuestro deber es trabajar para hacer de este mundo un lugar mejor y luchar. Nuestra fe es revolucionaria por un impulso que viene del Espíritu Santo» (Francisco, discurso al clero italiano en Florencia, 10-XI-2015)
4.  En línea con el magisterio entre líquido y vaporoso de Francisco [no del de Asís, sino de aquel que habla hasta por los codos], no dejaré de censurar la aplicación de la pena de muerte aun en los casos de violadores cien veces reincidentes y de delincuentes que se destacan por la inhumanidad para con sus víctimas, ni de condenar toda guerra como anticristiana, incluyendo aquellas Cruzadas emprendidas para la liberación del Santo Sepulcro profanado por los pacíficos islamistas.
Estos arrechuchos ante el mero olor a pólvora y a dignidad, irrastreables en el Magisterio de la Iglesia y que proscriben la noción misma de «guerra justa» de un plumazo, confirman en boca de un utopista Francisculus aquel profundo deseo que latía en nuestras bonachonas entrañas: «hay que poner fin a todos los conflictos, grandes o pequeños, antiguos o recientes» (Francisco, Mensaje de Pascua, 20-IV-2014), análogo en punto a realismo al compromiso por alcanzar la «pobreza cero» en los notos eslóganes de Cáritas S.A.
5. Juro, al precio de mi pellejo, defender la más amplia multiplicidad de las traducciones litúrgicas a instancias de las Conferencias Episcopales, según lo dispuso el perito químico Jorge Mario Bergoglio en su motu propio Magnum Principium, dando lugar a un creativismo desbordado que, así como ya transmutó el Credo y el Paternoster, así podrá alentar diferentes versiones incluso de la fórmula consecratoria a un lado y otro de las fronteras nacionales.
Pues como lo asienta allí nuestro sapientísimo escanciador, «para los creyentes que celebran los ritos sagrados (sic) [...] la palabra es un misterio» [y lo será cada vez más abstruso e impenetrable en la medida en que esta Jerarquía siga obstinándose, con santa obstinación, en configurar a la Iglesia con Babel].
6. Juro, y créanme, aplicar con la mayor diligencia el principio supremo de la tolerancia y el respeto,
el mismo proferido por el Reinante en su discurso de julio de 2013 en el Teatro Municipal de Río de Janeiro ante distintos representantes de la sociedad civil de Brasil cuando, en respuesta al consejo que éstos le reclamaban como a celestial oráculo, Bocazas redondeó: «mi respuesta siempre es la misma: diálogo, diálogo, diálogo». Trisagio éste pronto incorporado al «Repertorio de sentencias de los máximos benefactores de la humanidad» editado por la Masonic Press, que cobija otras tantas perlas labradas por hombres de la talla de Nelson Mandela, Paulo Freire y Walt Disney.
7.  Juro, sin sombra de vacilación, secundar al Gran Khan Francisco en sus excursiones punitivas de todos los institutos de vida consagrada  aferrados al "se ha hecho siempre así", allí donde se huele incienso y se musitan latinajos o, peor, se celebra esa Misa de antaño, y me comprometo a aplaudir la aplicación de la guillotina sobre los fundadores de tales casas, así sean éstos nonagenarios.
Esto sin merma de que luego podamos nosotros mismos dar ánimo a nuestros damnificados atribuyendo sus cuitas a «persecución diabólica».
8. Juro y rejuro, y que me vaya en ello la saliva y sus hontanares, desalentar, junto con el Sátrapa Mayor de Roma, todo esfuerzo misional a fuerza de epítetos, llamando al celo por la salus animarum una "solemne tontería", y haciendo de san Francisco Javier y del padre De Foucauld unos agentes del odioso imperialismo occidental.
Pues, en palabras del propio Francisco, «si la educación de un chico se la dan los católicos, los protestantes, los ortodoxos o los judíos, a mí no me interesa. A mí me interesa que lo eduquen y que le quiten el hambre» (entrevista con el periodista brasileño Gerson Camarotti, de la cadena Globo News, 29-VII-2013).
9. Juro profesar, en consonancia con el Payaso Malvado, una apocatástasis casi sin mancilla, donde aun el «pobrecito Judas» tenga su lugar entre las Jerarquías celestes y donde el infierno vacío de Von Balthasar contenga, por razones de congruencia, sólo una exigua minoría de réprobos: los católicos "fundamentalistas".
Y para no contradecir la enseñanza perenne de la Iglesia acerca de la necesidad de la gracia para alcanzar la gloria, afirmaré, con ese nobilísimo tratado de las concupiscencias (Amoris Laetitia, 301), que «ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada 'irregular' viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante».
10. Asumidos todos estos puntos, juro, a lo último, con pacata y asnal docilidad, prestar mis lomos a la montura que sobre estos dispongan otros extender para que, perinde ac cadaver, Francisco me lleve así ensillado donde él juzgue conveniente, incluso al precio de que caigamos ambos en el hoyo ultramundano. Me quedará al menos la tranquilidad de haber practicado la obediencia hasta el heroísmo.


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No hace falta acotar que estos puntos del juramento pueden ser ampliados o sustituidos por muchos otros de similar inspiración: tanto los ágrafa como los documentos de Francisco surten sugerencias a raudales.

En cuanto al uso que los sacerdotes fieles pudieran hacer del texto del juramento cuando éste les sea extendido, acá consta uno el más apropiado:


Duración: 16 segundos

In exspectatione

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NOTA: Compárese este juramento (que, aunque en clave de humor, contiene grandes verdades) con el juramento antimodernista de san Pío X, suprimido en 1967 por Pablo VI (futuro santo en Octubre de este año), al cual me adherí personalmente el 27 de Julio de 2012

José Martí